• Inicio
  • Quién Soy
  • El Aracle
    • Aracle Planning
  • Contacto
Con la tecnología de Blogger.

Fabyio

facebook google twitter tumblr instagram linkedin
feminismo

Es casi imposible explicarle a un hombre la manera en que el calor sube lentamente por el cuerpo hasta la cabeza en lo que amenaza con ser una explosión de ira cada vez que nos acusan de estar locas y lo adjudican a nuestro periodo en situaciones que, regularmente, son malentendidos que podrían resolverse con una simple conversación. Pero no, parecería que están programados para asumir que se trata de esa cosa que se llama menstruación y no su manera irracional de (no) comunicarse. Yo asumo que se debe a que la mayoría de ellos no reflexiona en que el hecho de andar por ahí sangrando cada mes y tener que actuar como si nada pasara es tan espantoso como suena. “Ándele, quién le manda a ser mujer”, decía la abuelita de mi amiga.
Si, en esos días tendemos a estar más sensibles de lo normal. ¿Mencioné que nuestra vagina está sangrando día y noche por prácticamente una semana? Esto sucede, en términos básicos, cuando un óvulo atraviesa su recorrido sin encontrar un espermatozoide para hacer un bebé, se enoja y se venga desgarrando y desechando los pedazos de un tejido llamado endometrio que se había formado en el útero durante el mes y se uniría a la placenta para que crecieran los bebecitos. El resultado es dolor en todo el cuerpo, de vez en cuándo cólicos debido al aire que se acumula en el útero, la terrible sensación de no poder moverte con libertad sin que se haga un desastre, todo tu cuerpo se inflama, la vida pierde el sentido y te sientes culpable hasta de la guerra civil en Ucrania. Las hormonas se descontrolan, así que todas las sensaciones cambian rápido. Muy rápido.

¿Mencioné que nuestra vagina está sangrando día y noche por prácticamente una semana?

Por ello, es comprensible que algunos hombres asuman que cuando nuestras emociones están muy intensas, sea a causa de nuestro periodo. El problema es que no saben ni si quiera cómo funciona porque les resulta terrorífico. ¿Qué creen? Lo es. Y en pleno 2015, es momento de que se sacudan el miedo, se sienten y le dediquen un momento a aprender algo que es tan nuevo como respirar. Una vez que lo razonen, quizá les sea más sencillo evitar adjudicar un estado de ánimo a una situación, pues si no es el caso, no queremos que nos lo recuerden, tenemos suficiente con nosotras mismas, gracias. Pueden preguntar para informarse, pero jamás utilizarlo como una acusación, no olviden que no es algo que hayamos elegido. Mejor déjenos comer chocolate y esperen un momento.

En esos días en los que no estamos sangrando, de cualquier forma, nuestras mentes y cuerpos se están preparando constante e inconscientemente para los cambios mensuales a los que nos comprometimos cuando firmamos el contrato de nacer mujercitas.

Desde el principio de los tiempos, las mujeres han sido desterradas o atacadas por esos periodos de tiempo en los que sangraban sin razón, sin saber qué estaba pasando y estando asustadas hasta la médula por creer que estaban muriendo. ¿Suena descabellado, no? Lo bueno es que en estos tiempos tener que pagar más de cien inevitables pesos cada mes bajo un sueldo potencialmente inferior al de nuestros no-sangrantes compañeros no es algo descabellado, ¿cierto?

Lo que deben saber es que en muchos casos tendemos a ser sensibles porque nuestro cuerpo está constantemente preparándose para hacer bebés y para hacernos pagar las consecuencias si no hacemos uno. Considerando esto, siempre estamos en nuestros días, así que pueden ahorrarse la pregunta. En su lugar, la comunicación es un método excelente para llegar a un acuerdo. Aprendamos a aprendernos como género, como individuos y como humanos. Y a respetar lo que ello conlleva.

En conclusión, todavía no sé si todas las mujeres estamos locas. Pero sí está bien loco ser mujer.
Publicado en: Omnia Noticias
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios
blog de estilo

Cuando estaba en tercero de primaria una maestra sin preparación respondió a uno de mis compañeros la pregunta “¿De dónde vienen los bebés?” de la manera más inapropiada que se le podía ocurrir a un adulto ante niños de ocho años. En los noventas.

Evidentemente, mi compañero conocía la respuesta, pero quería poner en evidencia al adulto en la habitación. La maestra Catalina, era una jovencita que apenas se había graduado del bachillerato pero que conocía a la directora. Ah, México. La maestra se puso del color de la manzana que alguien dejó estereotípicamente más temprano en su escritorio, cubrió su cara y procedió a utilizar palabras como “pajarito” y “casita”, con voz temblorosa. Sin ninguna experiencia previa al tema de la sexualidad, me asusté de una manera impresionante.
Tuve miedo al tema por el resto de mi infancia. La sola cuestión me provocaba una ansiedad terrible y toparme con algo remotamente implicatorio ante ello me hacía sentir culpable hasta la médula.

Ya en la secundaria, un profesor bigotón que no duró mucho tiempo en la institución por razones desconocidas, nos habló sobre la masturbación. Esa actividad terrible que practicaban las personas pecadoras que arderían en el infierno por dejarse tocar por los demonios. Nos explicó cómo algunas personas utilizaban incluso objetos con la finalidad de conseguir placer sexual y explorar sus cuerpos. Qué terrible. Nos dio unos trípticos que explicaban dónde encontrar a Dios y dónde dejar el sentido común.

El impacto que tiene la educación sexual en la vida de una persona puede llegar a causar tragedias que parecerían inexplicables pero que, si se analizan a fondo, conllevan a un daño psicológico importantísimo. Por eso no es tan importante saber de dónde vienen los bebés, sino a dónde van.

Cuando tuve la madurez y la velocidad de internet necesarias, decidí explorar un poco. Leí artículos sobre sexualidad por mi cuenta y descubrí que las cosas que sentía eran parte de mi desarrollo y que la sexualidad es más común que el mal servicio de McDonalds. Pasé entonces a leer sobre masturbación. La simple palabra provoca aún un miedo fantasma en alguna parte de mi mente. Suena como a un monstruo que además está deforme y es malvado: mas-tur-ba-ciorrrghajshrmn. La verdad es que muy rápido descubrí que no hay nada de malvado en ello.

Se castiga y se reprime la autoexploración por razones que, honestamente, carecen de explicación lógica. Por el contrario, se debería inculcar la cultura de la autoexploración tanto en niños como en niñas a determinada edad como parte de la educación sexual. El placer no es ningún secreto y no debería estar prohibido y debemos dejar de condenarlo como si lo fuera.

Una educación sexual que incluyera el respeto, la higiene, la comunicación y una información completa sobre reproducción, resolvería muchísimos de los problemas que presenta actualmente nuestra sociedad. Y es gratis. De igual manera, los estímulos sexuales deberían tener una dirección apropiada. Sentir culpa por sentir excitación sexual es residuo de dicha mala educación temprana.

Ya es momento de dejar de escudarnos en basura literaria al estilo de las 50 sombras de tristeza y opresión disfrazadas de erotismo y educarnos en el tema. La popularidad de esta obra pone en evidencia la represión sexual en la gente que requiere de la aprobación social para aceptar que tiene deseos sexuales. Ya es 2015, quizá aún no tenemos tablas flotantes, pero tenemos una variedad de erotismo increíble en la comodidad de nuestra computadora. Solo hace falta un buen criterio al elegir un sitio que ofrezca calidad tanto a sus empleados como a sus consumidores. Cierto sitio popular en la red incluso prometió sembrar un árbol por cada 100 reproducciones de video.

Así que por mi parte, en lugar de gastarme mi quincena en una mala producción cinematográfica basada en una novela que promueve la violencia interfamiliar, voy a reforestar el planeta.

Publicado en: Omnia Noticias
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios
Older Posts

Sobre mi




Me gusta la lluvia, el café y los clichés.

Follow Us

recent posts

HOLA, @INSTAGRAM

Created with by BeautyTemplates | Distributed By Gooyaabi Templates