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Fabyio

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Conforme vas llegando a la vida adulta —aunque no lo quieras aceptar— te das cuenta de que ahora comienzas a juntar suficiente dinero para hacer y comprar aquello que tanto querías, pero lo que en consecuencia se ve escaso es el tiempo para hacerlo.

Desde que cambié de trabajo, (trabajé mucho tiempo siendo Barista en un café muy popular de la ciudad de Chihuahua), los viajes que he hecho han sido escasos a diferencia de antes, cuando me dedicaba a andar de aquí para allá. Pero después de 2 años sin visitar la capital del país, compré un vuelo redondo al D.F. y boletos para Pearl Jam, con 6 meses de anticipación, viéndome así más que obligada a darme el tiempo.

Cinco días de vacaciones fueron suficientes para poder visitar los lugares que a continuación les recomiendo.

Últimamente había visto los comerciales de Trivago y me llamaba la atención que no tenían mucho sentido, pero fue la página que me ayudó a encontrar el hotel Fontán Reforma, a una cuarta parte de su costo original, con sus cuartos recién remodelados y con esta maravillosa vista en mi ventana, ya que se ubicaba en plena Avenida Reforma.


Ese día, después de dejar las maletas y tomar un baño rápido, llegamos a comer a la Pizza de Perro Negro. Tienen 6 sucursales en todo México, 3 en D.F.

Las pizzas que manejan son de graaan tamaño y, en particular, la cerveza de su misma marca es deliciosa. Ésta vez probé sus pizzas Tenesse BBQ y la nueva The Risin' Sun, y para acompañar Bulldog Frances y Golden Retriever, todo altamente recomendables.

Y de noche, visité la cafebría El Pendulo.

De la cuál no tomé fotografías. Tienen muchísimos libros y artículos interesantes, sobre todo de diseñadores mexicanos. Tengo que confesar que no me gustó nada lo que pedí, que fue una cerveza con clamato cubano (caliente) y unos chicken fingers (con una consistencia nada crujiente). Pero la próxima vez que esté de visita, le daré una segunda oportunidad.
Jumpsuit color camello y Botas overknee en negro. 




Al día siguiente, después de pasar la mañana y tarde en Six Flags -es una visita obligatoria siempre que hay juegos nuevos-, una siesta corta, un baño y un par de cambios, el ganador fue el siguiente:



Tomamos unos whiskies en el hotel y salimos a bailar toda la noche al Patrick Miller en la Roma. Los viernes es de música de los 80's y 90's, así que no hay excusa para no moverse. Después fuimos a un popular bar de la zona donde también tenían bastante buen gusto musical.

Patrick Miller
Otro lugar que les recomiendo de corazón, es el que te salva de la cruda el siguiente día. Vayan por favor a desayunar a Chilakillers. Es una fonda decorada con un arte moderno y a su vez abstracto, donde puedes pedir el desayuno más mexicano que deseas, acompañado de una cerveza michelada. El tamaño de las porciones del platillo son más del doble de lo que pude comer, pero de verdad deseas dejar el plato vacío.



 

Luego caminando a la Condesa, visitamos La Pulquería Fina. No soy fan del pulque pero me agradaron los sabores de piña colada y manzana-naranja.
Esa noche fue el concierto. Después de 6 meses de esperarlo, no podría creer estar entre 60 mil personas escuchando a Pearl Jam. El outfit de la noche, a pesar de la idea que tenía y las opiniones     sobre llevar camisas a conciertos, fue bastante cómodo y sencillo.

Camisa blanca, jeans negros, nikes blancos y suéter a la cintura.


El domingo visité Coyoacán buscando lugares donde comer y pasar una tarde amena, y después de visitar el mercado en la plaza y dar un par de vueltas encontramos frente a una de las plazas principales en un segundo piso un lugar llamado Doña Chela. Nos atendió una chica muy amable y al subir las escaleras me encontré con éste mágico lugar de donde es la primer fotografía. Después subimos a bar La Bipo a probar la jarra Esquizofrénica.




Doña Chela
La Bipo
Jarra La esquizofrénica


A pesar de haber dudado en regresar pronto, una vez más el DF me sorprende y logra mandarme de regreso a mi ciudad con un buen sabor de boca y ganas de volver una vez más. 
Hasta pronto.



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Para ser mi primera publicación, y vaya que no fue tan sencillo, comenzaré con la base de todo: el color.

No puedo describir la emoción que me causa la nueva tendencia de moda de ésta época del año. Su paleta de colores en juego con las diferentes texturas de las telas, resulta irremediablemente atractivo. Numerosas combinaciones se pueden lograr fácilmente con los colores elegidos para esta temporada. Son fascinantes:
             

Usando como punto de partida el Pantone 16-0110 Salvia del desierto, un gris verdoso, y el Pantone 18-1438 Marsala, un rojo terroso de color vino;  inspirados en la naturaleza, acompañados de un Tiempo Tormentoso, Hierba Seca, Golfo de Vizcaya y Reflejo de Estanque, nos logran transportar a una fría mañana en la cabaña de algún bosque, o los cálidos a un paseo en un parque de árboles rojizos jugando con tonos más cálidos como el Naranja de Cadmio, Roble pulido, Rosa Cachemir y –uno de mis favoritos- Orquídea Amatista.

Pero como soy una persona un tanto más visual, me dejaré un poco de tecnicismo y les compartiré 5 de mis outfits favoritos, que entre gabardinas largas, las imprescindibles chamarras de mezclilla, medias negras, botines y jumpsuits, representan perfectamente la tendencia que apenas comienza Otoño/Invierno 2015.


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blog de estilo

He pasado horas viendo ejemplos de diseños de plantillas para Currículum Vitae y tarjetas de presentación en Internet. Usualmente mis favoritos son los de los diseñadores gráficos, porque están llenos de colores, formas e ingenio. Le he dedicado tiempo al mío como un hobbie, como si se tratara de uno de esos juegos de Facebook a los que te haces adicto sin que nadie te avise. Consideré entonces la razón. Me gusta la idea de la personalización y la expresión. Me gusta la gente que sabe quién es y cómo expresarlo. Personalizar cualquier cosa conlleva un proceso de autoconocimiento y de aceptación, que es mi parte favorita.

 Cuando estaba en la secundaria, por ejemplo, decidí romper la pantalonera de mi uniforme deportivo y agregarle broches, pines y botones por todos lados. Mis cuadernos estaban forrados con collages de revistas, generalmente con letras de mis bandas favoritas e imágenes irónicas de situaciones sociales que, probablemente, había visto en el blog de algún artista independiente en Deviantart.

 En la preparatoria junté una hoja con firmas para que no nos obligaran a utilizar la misma chamarra porque todos seríamos como robots. ¿Íbamos a expresarnos por medio de nuestras mochilas y converses sucios nada más? ¿Qué éramos, animales? El caso es que algunas personas tenemos una fuerte necesidad de expresarnos. A veces y muy a menudo ni si quiera sabemos qué es exactamente, pero lo sentimos en el pecho anhelando salir y gritarle al mundo que existe. Y en el proceso nos convertimos en un montón de personas y vivimos un montón de vidas, de los cuales algunas cosas se adaptan a nuestro perfil y otras se quedan allá, en el olvido.

Si lográramos aceptar la diferencia entre ideas y maneras de expresarlas, nuestra sociedad funcionaría.

 Todos hemos pasado por diversas etapas a lo largo de nuestra vida. Desde niños cuando jugamos a ser grandes, cuando dibujamos situaciones u objetos. Cuando somos “punks”, “rockeros”, “emos” “fresas”, “cheros”, “cholos”, “hipsters” o “personas que odian las etiquetas”. Ah, esas etiquetas. Las tribus urbanas se basan en esto. La sociedad le pone un nombre a los grupos de personas que expresan situaciones similares a través de acciones similares, pues los humanos tendemos a buscar personas que expresan lo mismo que nosotros en la búsqueda de ese quién sabe qué y compartir ideas e inquietudes para complementarnos e identificarnos.

En el proceso existen cambios y de vez en cuando los intereses y la necesidad de expresarlos toman rumbos diferentes y, a pesar de que nos es difícil entenderlo, son necesarios para integrarnos. De hecho, si lográramos aceptar la diferencia entre ideas y maneras de expresarlas, nuestra sociedad funcionaría. Tristemente, las personas tendemos a rechazar todo aquello que no se ajusta a nuestras propias ideas. Estos cambios se reflejan en nuestra ropa, la música que amamos y con la cual nos identificamos, las conversaciones que sostenemos y la manera que elegimos de tomar algún camino. Sin embargo, una vez que encontramos una causa por la cual luchar o un camino específico que decidimos caminar, expresarse es sencillo. Que lo entiendan los demás, bueno, eso siempre será un proceso. Existe una situación que me resulta irracional, en la que la sociedad te indica que al crecer debes convertirte en una persona seria. Te hacen vestir de blanco y negro y convertir tu perfil en líneas rectas y sin color. Y no veo por qué deba ser así. ¿Quién decidió que es necesario un uniforme para mantener el orden? Y más importante, ¿por qué? Ningún dibujo sobre la piel y ninguna prenda de ropa deberían definir la capacidad de alguien. La expresión se confunde con rebeldía irracional en el mundo adulto de las generaciones pasadas. La verdad aquí es que no hay nada irracional en ello. 

Miren a su alrededor. La revolución no va a llegar por sí sola. Se los prometo.

Impreso en: La Crónica de Hoy
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blog de estilo

Te quejas constantemente del sistema. Tecleas en tu MacBook lo enfurecido que estás porque mientras se aprueba la reforma energética, las redes sociales están invadidas de notas falsas sobre el Krocodile, el Paco o la droga en turno para destruir al mundo. Golpeas repetidamente el piso con tus Vans porque a nadie parece importarle que nuestro señor presidente no tenga pruebas de haber concretado su educación profesional y lo demuestre quitándole fondos al presupuesto del país dirigido a cultura. Tuiteas desde tu iPhone que todo esto es una mierda y culpas a las instituciones y sus transas con las empresas. Agarras el Hoodie calientito que te compró tu primo gringo en Hot Topic, te cuelgas tu JanSport de mezclilla y te sales a caminar. Ves a los autos pasar y desaparecer de tu vida. Te preguntas en qué momento la gente perdió el interés por la gente. Te llega un whatsapp. Es tu mamá, diciéndote que compró KFC para la comida y que te dejó un plato en el refrigerador. Qué vida. Te tomas una Coca-Cola light y te fumas un Lucky Strike para calmarte los nervios. Suspiras. Ojalá vivieras en una época diferente.

La fabricación de productos en masa ha reducido considerablemente la individualidad y el deseo de libre expresión, haciendo que incluso nuestras ideas sean producción ajena. Con la firma correcta logran venderte cualquier producto “único para ti”. Para ti y para tu vecina, tu primo, la novia de tu hermano y todas las chavitas que vieron a Ariana Grande usándolo también. Nos han convencido de que lo que nos dan es lo que queremos. Existe una sensación de vacío y la palabra “originalidad” resulta más bien gastada y con escasa credibilidad. A causa de ello, en los últimos años se ha hablado de un movimiento llamado Maker, que surge de la cultura del Do It Yourself (Hazlo tú mismo) y que busca contrarrestar este enajenamiento con los productos saturados y ciego amor por ciertas marcas que hace tiempo perdieron el interés en su integridad original y pasaron a vendernos basura genérica a precios altos. Este movimiento promueve la artesanía, el uso de la información y el intercambio de conocimiento como base para crear proyectos a partir de recursos accesibles y la propia imaginación. Resultando principalmente en una notable mejora en la calidad y la originalidad en los productos.



Se puede considerar como maker a alguien que toma su creación, extrae de ella una identidad y le da un significado propio. Tomando esto en cuenta, nos encontramos con Paola Bustillos y Melissa Loera de 22 y 17 años respectivamente. Ambas chicas procedentes de la ciudad de Chihuahua son partícipes del movimiento, ya que utilizando como recurso inicial información y tutoriales encontrados en internet, aprenden a elaborar mochilas y bolsas con tan sólo un molde como base. Conforme pasa el tiempo, las mochilas homemade de Melissa comienzan a ganar popularidad entre sus amigos y compañeros de clase, quienes piden mochilas personalizadas y ofrecen dinero por ellas, lo cual da nacimiento a una idea que crece para convertirse en  proyecto.

Después de un tiempo y del éxito que ganan las mochilas, las chicas se asocian para dejar atrás los moldes y crear diseños originales, dando seriedad a su proyecto y transformándolo en Melobu, nombre que lleva ahora su marca.

Con dedicación y amor por su trabajo, cada mochila es elaborada artesanalmente en un pequeño taller que ellas mismas improvisan en casa, utilizando telas encontradas en pequeñas tiendas escondidas por la ciudad así como materiales reciclados, dando además una onda verde a sus diseños.

Para la distribución de su producto, las chicas contactan a otros artistas, diseñadores y emprendedores locales, haciendo trueque de trabajo. El logo, el video comercial que se filmó a principios del año y se estrenará a finales del mismo, así como las fotografías promocionales y el resto de su publicidad es obra de un conjunto de jóvenes artistas a quienes las chicas retribuyen con mochilas personalizadas.



Es este trabajo colaborativo entre artistas y diseñadores la esencia principal de esta rama del movimiento Maker. El arte de hacer. Fomentar la originalidad y la creatividad para obtener un resultado exitoso que además logre abrirse paso en el mercado debido a el individualismo y la calidad que ofrece.

Al preguntarles a Paola y a Melissa qué peso consideran que da su proyecto al lado artesanal de sus productos, nos dicen que “al ser mochilas artesanales, los diseños se vuelven piezas únicas, generalmente personalizadas y hechas especialmente para una persona en específico, a diferencia de comprar una mochila en cualquier tienda departamental (donde encuentras unas veinte mochilas con el mismo diseño genérico).”

La meta del movimiento Maker es poder darle un giro a la cultura de consumo a la cuál pertenecemos, eligiendo productos que ofrezcan más que una firma y cuenten con un propósito que vaya más allá de sus ingresos. Tampoco se trata de odiar a las marcas, o eliminar a las grandes corporaciones, sino de exigirles la misma calidad que ofrece un buen producto artesanal y hacer un cambio en el sistema que nos beneficie a todos. Pues al final, la creación es también una forma de revolución.

Fotos por: Ángel Cervantes
Publicado en: Fusion Magazine
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por Francisco Rodríguez
Feminine & Masculine, es una marca de marroquinería que utiliza materiales mexicanos, trabajados 100% a mano. El diseñador de la marca es Francisco Rodriguez, quien ha presentado a penas dos colecciones (Untitled No. 27 y On Nakedness) que gritan éxito a la tercera, en la cual trabaja actualmente.

Me enamoré de ellos después de verlos en la Nylon de Septiembre, así que me puse a leer más sobre ellos. Si tuviera qué describirlos en una palabra: geniales.

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