martes, 14 de mayo de 2013
Dormir.
martes, 4 de diciembre de 2012
Diecisiete.
jueves, 20 de septiembre de 2012
Ni líneas, ni tiempo.
miércoles, 8 de agosto de 2012
Pasa un año en cámara lenta. Tan lenta, que de pronto todo es más rápido de lo que el cuerpo consigue soportar. Se van personas, se quedan otras. Unas duelen y las otras también. Y eres la basura de alguien más cuando el tabaco se vuelve verde. Pero así se lo fuma, para ver si se le olvida un rato.
"¿Qué más da?", se convierte en el Hakuna Matata del que tanto alardeabas a los 15. Porque ya no eres una niña. Y el cáncer llega y te arranca la razón para demostrar que vales la pena. Se lleva al viejo, y ya no sabes a dónde mirar sin que se salgan las lágrimas a gritarle al mundo que perdiste la cabeza. Te vuelves estúpida. Vulnerable. Ya ni el café ni su boca saben a esperanza. Las manos que eran el consuelo que quedaba se convierten en expertas. Luego se vuelven el papel que usas para forjar las ideas que ya no concibes sin ayuda. Como un anciano enfermo de tanta vida. Sigues vomitando todo lo que no dejas entrar. Hasta que el estómago te grita que ya no la chingues, y te amenaza con hacerte la vida imposible. Y lo hace. ¿Y sabes qué? A ti te sigue dando igual.
viernes, 29 de julio de 2011
Can you say Random?
Si juntamos mis traumas de la infancia, desórdenes alimenticios y bipolaridad, me parece que tengo que aferrarme fuerte a esos golpes de inspiración, que o bien me levantan, o me inspiran a comprarme una canasta de flores y cantar “Wouldn't It Be Loverly” por la calle mientras empieza a llover.
Me levanté hoy en la mañana con canciones mexicanas pegadas al cráneo. Me reí. La verdad no tengo ni idea de por qué pasó, pero me puso a pensar en ellas. Y es que mi papá subiéndole el volumen a Luis Miguel y su versión de “México en la piel” cada vez que regresamos de Gringolandia me hacen sentir más mexicana que los episodios repetidos del Chavo del 8. Luego me pongo los audífonos y sigo soñando con New York mientras escucho todo el repertorio de canciones de Wicked una y otra vez. Porque soy mujer, soy bipolar y soy mexicana. Conozco muy pocos “orgullosos mexicanos” que no usen Converse o se mojen escuchando bandas internacionales, pero ya todos hablaron sobre ello. Lo siento comunistas: comprar o morir. Les guste o no. (No nos gusta, consumista pendeja.)
Cada vez quiero escribir y luego no sé de qué. Termino escribiendo de café y el libro que estoy leyendo. Es patético. Tengo todos mis posts anteriores como prueba de ello.
Las vacaciones permanentes me están afectando. Necesito un trabajo que me pague el Corona Capital y Coachella. Todo lo que hago es ver “A Very Potter Musical/Sequel” y repeticiones de Glee en Cuevana. ¿Ya soy un vagabundo, mamá?
Me afecta la idea de tener que comer de nuevo. Como lo he dicho, tengo principios de trastornos alimenticios pendejos desde que me secuestraron los alienígenas en el verano del 72’. Entonces, estoy obsesionada conmigo misma y mi manera de creer que pasan cosas que en realidad no pasan y omitir las que pasan en realidad. Alguien debería escribir un cuento sobre mí. Uno corto. O un refrán, mejor. Que se haga grupo en Facebook. Como mis tuits. Idiotas todos.
Estoy básicamente esperando cosas. El domingo, por ejemplo, es el “concurso online” para entrar antes a Pottermore y que Rowling me diga oficialmente que soy una peatética y Ravenclaw fangirl. ¿No saben qué es Pottermore? ¡Bien! Sigan así. Luego, el lunes comienzo a trabajar en el restaurante que mi papá abrió un día, luego le pasó a mi tío porque era pobre y ahora es súper popular y rico mientras nosotros nos asomamos por la ventana esperando a que nos den mentas gratis. Luego espero un episodio de cierto programa infantil transmitido en Nickelodeon (Say what!?) y luego las nuevas temporadas de Glee y Gossip Girl, el Corona Capital, mi regreso a la escuela y finalmente Coachella. Entre otras cosas. Como Navidad. Pero sí.
martes, 28 de diciembre de 2010
Universos alternos.
Hay cosas que existen en dimensiones alternas. Alter-egos. Otros "yo". Son justas y son necesarias. Porque todo se divide por lo menos en dos partes. O eso es lo que me ha contado la chica del espejo.Entre sueños y realidades, se queda a veces ahí, en el umbral. Observándome. Y se vuelve difícil ignorarla, sobre todo cuando sopla el viento y cuando la lluvia cae. Porque quema, siempre quema. En ocaciones más que en otras. Y sí, duele.
Me encontré una mañana atrapada en medio de un sueño, del frío del invierno y de la luz del sol entrando por la ventana y cortándome la noche, como cuchillo afilado. Atada a la mitad de mis sentidos, con las ideas flotando en mi cabeza como peces en un estanque demasiado pequeño. Muchos pensamientos, muchas ideas, muchos colores. Ningún sonido. Algo subió por mi espalda, arrastrándose, dejando un molesto cosquilleo a su paso. Lo identifiqué como eso a lo que los mortales llaman "Miedo". Me apoderé de él, lo abracé y lo hice calmarse en mí. Cuando finalmente abrí los ojos, se había marchado. Y así es cada día, cada despertar.
No soy buena para despertar. Me asusta hacerlo. Me aferro tanto al mundo de los dormidos, que lo confundo con el mundo del Sol. Tampoco lo soy para relatar historias cuando no son falsas. Aunque no estoy segura de poder identificarlas. A veces ni pienso con claridad. El problema es que aún así lo hago. Pensar, pensar, pensar. No sé hacer otra cosa.
Ayer, por ejemplo. Escuché a alguien decir que hacía calor porque estábamos cerca de Argentina, y allá es verano. Reí. Luego pensé intensamente sobre el clima, para terminar con miedo. A mis pensamientos les apasiona lanzarse al miedo. Terminana ahí, nadando libremente.
Pero yo sé cómo es. Lo conozco. Vivo con él. Lo tengo aferrado a mi vientre, como engendrándolo constantemente; y dándolo a luz de vez en cuando. Bautizándolo como miedo y criándolo como destino. Y a veces, llega la hora de matarlo y continuar. Pero nunca en este mundo, porque aquí todos observan y opinan. Todos hablan y todos callan. Y su luz me deja ciega. Y todo comienza otra vez.
martes, 30 de noviembre de 2010
Otoño.
Buscaba su mirada, sin encontrar sus ojos. Entonces miré al cielo. Y ahí estaba, brillando.Al final de cuentas, llegó el invierno, pero me quedé con el otoño. Había decidido dejarlo y dedicarme los dos meses que le quedan al año a encontrarme, pero como siempre, estoy tirada en pedazos por toda mi habitación. "Mañana la limpio", prometí desde julio. Y ahora no encuentro nada. Probablemente está abajo de la cama, ahí donde lo dejé. A un ladito de Paulette.
Me aterra la idea de detenerme. El mundo gira siempre, por eso está mareado. Por eso giro también yo, como queriendo hacerme noche. Pero termino en el piso, y me encuentro de nuevo hasta haberme puesto de pie. No, tampoco yo lo entiendo.
Verán, yo me enamoro cada estación. Este año tuve mi primavera, mi verano y mi otoño. Ese otoño, maldito otoño. Esa imagen con colores tan cálidos como el verano, pero tan frío como el invierno. Eso eres. Casi te puedo llamar hipócrita. Y mira, cómo te estoy olvidando. Maldito otoño convirtiéndose en invierno. No tengo pretexto que no sea el café: no quiero un invierno. El otoño me gusta demasiado. Y ya.
El calor me calla, no me inspira, no me llama. No ese calor. Pero esto es frío, mucho frío. Y aquí estoy. Y el calor que me da el frío. Ese calor. Que no me calienta, y no me congela. Estúpido.
Dejé muchos espacios en blanco, sin intenciones de llenarlos más tarde. Tal vez es la hora, tal vez es el lugar en el que debí haber estado, tarde, como siempre. Tarde, por supuesto. ¿Qué no saben quién soy yo?
Ayer me encontré una hoja, de esas amarillas que le quedan al árbol, se quedó para despedirme y pedirme no hacerla pedazos. Y me recordó a mí misma. Y sonreí.
¿Cuantas "ys" le caben a mi mente? ¿Cuantas excusas? ¿Cuántos pretextos? Porque no son lo mismo. Pero es que yo no escribo, yo secreto letras. Así de pretenciosa. Así soy. Tan adorable como siempre. Punto. Punto. Y ya.
